miércoles, 28 de mayo de 2008
Este poema de Díaz Casares es un canto a la liberación emocional a través de la naturaleza. Si en el anterior veíamos una nostalgia estática y pesada, aquí hay movimiento, una búsqueda activa de desahogo.
Aquí tienes el razonamiento de sus puntos fundamentales:
1. El Aire como Mensajero y Confesor
El elemento central es el viento ("sutil brisa", "aire oscuro"). El poeta le otorga una función dual:
- Hacia adentro: Es el vehículo para "airear" lo que guarda el alma, como si los sentimientos fueran algo que necesita ventilarse para no corromperse o asfixiar.
- Hacia afuera: El aire actúa como un mensajero invisible que puede llegar a donde el poeta no puede, rozando las "mejillas" y el "corazón" de la otra persona.
2. La Noche como Escenario de Libertad
La elección de la noche y las "calles desiertas" no es casual. Representa el momento en que las máscaras sociales caen. El poeta se siente libre de mostrar su "loco aliento" y sus "gemidos" (la intensidad de su sentir) porque no hay testigos, solo el aire frío. La soledad nocturna es el refugio de la honestidad emocional.
3. La Paradoja del Silencio Transmisor
Es fascinante cómo el autor pide al viento que entregue su "caricia y mi silencio". Hay una comprensión profunda de que, a veces, las palabras sobran o son insuficientes. Lo que el poeta envía no es un mensaje articulado, sino una sensación pura: el sentimiento crudo ("todo lo que siento") envuelto en la caricia del aire.
4. La Catarsis (El "¡Saldré!")C
El uso de los signos de exclamación marca un impulso vital. Es un acto de voluntad. Frente a la carga del poema anterior, aquí hay una necesidad de expulsar, de no permitir que el sentimiento se quede encerrado. Es una transición del "sufrir en silencio" al "encomendar el sentir al universo".
Resumen del sentimiento:
Es un poema de esperanza melancólica. El autor confía en la conexión invisible de los elementos naturales para salvar la distancia física. Es el deseo de que el otro sepa lo que uno siente, no a través de una carta o una llamada, sino a través de un escalofrío en la mejilla al caminar de noche.


















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