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domingo, 15 de febrero de 2026

El trasiego inevitable

 

Los días llegan vírgenes

Sin esperarlas, al meditar,
aparecen pausas somnolientas,
marcando el relevo de recuerdos
que atesora la mente.
Entre suspiros, se avivan
momentos de vivencias pasadas
que traen las mañanas
en esa luz, que deja,
alegrías y resignada nostalgia.
...Los días llegan vírgenes
al aturdimiento humano,
donde el trasiego inevitable
de sus dispares convivencias,
viola sin menoscabo 
el pasar de las horas

Díaz Casares 



El poema reflexiona sobre el flujo de la memoria y la contradicción entre la pureza de los días nuevos y el peso de la experiencia humana acumulada. Meditar trae pausas que despiertan recuerdos, mientras los días llegan “vírgenes” pero son rápidamente marcados por el “trasiego inevitable” de la vida.

2. Estructura y movimiento

Se divide en dos momentos:

Primera parte (vv. 1-8): la introspección meditativa que aviva recuerdos entre suspiros.

Segunda parte (vv. 9-15): la llegada de los días nuevos al mundo humano, donde se consumen en contradicciones.

3. Imágenes clave

“Pausas somnolientas”: momentos de calma meditativa que funcionan como puente entre presente y pasado.

“Luz que deja alegrías y resignada nostalgia”: dualidad esencial del recuerdo —placer y melancolía inseparable.

“Días llegan vírgenes al aturdimiento humano”: contraste brutal entre la inocencia del tiempo nuevo y la confusión vital que lo recibe.

“Trasiego inevitable de sus dispares convivencias”: la vida como mezcla caótica de relaciones y experiencias incompatibles.

“Viola sin menoscabo el pasar de las horas”: paradoja final —la vida interrumpe el tiempo puro pero no lo destruye del todo.

4. Definición del poema

Es un poema contemplativo sobre la memoria como puente entre días puros y vida compleja. Meditar despierta recuerdos agridulces que dan sentido, mientras cada día nuevo llega intacto pero se pierde inmediatamente en el torbellino humano. La poesía afirma que, pese al desgaste, algo permanece: esa luz de alegrías y nostalgias que la mente atesora.

Tono: reflexivo, melancólico pero sin desesperanza —lúcido aceptación del flujo vital.













El Tiempo retrocede

 

martes, 3 de junio de 2008

La vida avanza


Aún sin pausa, a tientas,
el Tiempo retrocede
avivando 
amarguras punzantes
que a solas acometen.

Es el Tiempo, 
esotérica diatriba,
que recompone olvidos 
en una nueva etapa
de aconteceres.
Por eso;
la Vida avanza
incómoda o lujuriosa
agigantando esperas,
o entregando sosiegos
y amores cautelosos.
Díaz Casares
...De mi humana presencia 



El poema de Díaz Casares plantea un diálogo tenso con el Tiempo y con la Vida, vistos como fuerzas que no se dejan domesticar y que alternan dolor y sosiego.

Tiempo que hiere y recompone

Aunque el Tiempo siempre avanza, aquí “retrocede y aviva amarguras punzantes que a solas acometen”: señala cómo los recuerdos vuelven, reabriendo heridas cuando estamos solos. El Tiempo es “esotérica diatriba”, algo enigmático y casi acusador, que “recompone olvidos en una nueva etapa de aconteceres”: lo que creíamos superado regresa transformado, reinsertado en nuevas vivencias.

Vida entre incómodo y lujurioso

La Vida, por su parte, “avanza incómoda o lujuriosa”, es decir, a veces con rozaduras, incomodidades, y otras con exceso, impulso, deseo. En ese avance “agiganta esperas” —prolonga anhelos, demoras— o “entrega sosiegos y amores cautelosos”: ofrece también calma y afectos, pero medidos, prudentes.

El poema evoca, en suma, una existencia en la que el Tiempo remueve el dolor y reescribe lo vivido, mientras la Vida oscila entre el desasosiego y una quietud amorosa siempre vigilante.






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viernes, 13 de febrero de 2026

El silencio de la tarde

 

miércoles, 14 de enero de 2009

El silencio de la tarde



Me deja el atardecer,
asumidas circunstancias,
fríos desalientos
y un sentimiento ya viejo
de desorden acaecido,
entre el deseo y lo vivido
...mientras, la tarde avanza
con su silencio que crece
entre el declive del tiempo.
Díaz Casares 
#jdcmogoda


El atardecer envuelve al hablante en una melancolía resignada, donde el tiempo declinante amplifica desalientos y desajustes entre lo deseado y lo vivido.

Sentido del poema

“Me deja el atardecer, asumidas circunstancias” marca una entrega pasiva al final del día, que trae consigo “fríos desalientos” y un “sentimiento ya viejo de desorden acaecido”. Ese desorden surge del choque entre deseo y realidad, entre lo que se anheló y lo que finalmente ocurrió.

Atmósfera crepuscular

La tarde “avanza con su silencio que crece entre el declive del tiempo”, imagen que funde el paisaje externo con el estado interior: todo se aquieta, se apaga, y el silencio se hace más pesado conforme el día se desvanece.

Es una elegía breve al desencanto cotidiano, donde el atardecer no solo cierra una jornada, sino que ilumina —con su luz menguante— las heridas abiertas de una vida no del todo cumplida.

2 comentarios:

Azpeitia poeta y escritor dijo...

Bello poema...un abrazo desde azpeitia

Inuit dijo...

La tarde tiende a ese momento del ocaso en que las cosas dejan de ser y hay una sensación como de abandono,de calma, incluso, de liviandad donde el espíritu se mece....
La libertad,esos pequeños momentos de soledad íntimamente deseada.
Tiene usted una forma de escribir que acaricia.
Inuits



Musa huida

 

martes, 6 de mayo de 2008

Musa huida


Me quedé esperando
ansioso de pasiones leves
...quizás de tu voz, 
tu llanto, los rictus 
del tiempo ido, 
o ésas breves contiendas 
repletas de esperanzas
asidas a lo que han sido.
Ya ofuscados, mis ojos
buscan la escapada
hacia otros ritmos,
dejando en desconcierto
un charco fugaz, ínfimo.

...y es que apenas 
urdo silencios
a las antologías del ruido,
que dejan en mis jornadas,
la aridez 
del discurso incumplido.
¿Qué expectante
anhelo en el tiempo
asume un ciclo huido
de reyertas y ambiciones,
en las agonías del siglo?

¿Porqué no girar siquiera
la eclíptica del camino?
Díaz Casares 
... De mi humana presencia 




El poema "Musa huida" de Díaz Casares es una obra cargada de simbolismo y melancolía existencial. A continuación, presento un análisis de lo que evoca y la imagen artística creada para capturar su esencia. 

Análisis de la Evocación Poética 
El poema se sitúa en el espacio de la ausencia y la espera creativa. La "musa" no es solo una figura de inspiración, sino una presencia vital cuya huida deja al poeta en un estado de aridez y desconcierto. 
Elemento "Apenas urdo silencios a las antologías del ruido, que dejan en mis jornadas la aridez del discurso incumplido."Esta estrofa resume la esencia del poema: el esfuerzo solitario del artista por encontrar sentido en medio del vacío, enfrentándose a la frustración de una inspiración que se ha desvanecido. Imagen Inspirada en el Poema 
Se ha generado una imagen que busca plasmar visualmente estos sentimientos. En ella, se observa a una figura solitaria en un paisaje desolado compuesto por manuscritos secos (el "discurso incumplido"), mientras intenta tejer hilos de luz en la penumbra. Al fondo, la musa se desvanece como una sombra etérea, y un pequeño charco a sus pies refleja un cosmos que contrasta con la aridez del entorno.



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Luz primigenia

 

domingo, 11 de mayo de 2008

Esa luz

Hay una luz
que se guarda
en un recodo 
del alma.
Ella, 
siempre nos devuelve
recuerdos y calma.

Esa luz primigenia
que desde siempre
nos acompaña
...la que resurge
unida a nuestra
inquieta añoranza.

Luz de la niñez, 
de los juegos
en calles y plazas.
Díaz Casares 
... De mi humana presencia 



Evoca el poema la memoria luminosa de la infancia como refugio interior y fuente de consuelo.

Esa “luz” guardada en un recodo del alma es la imagen de un núcleo íntimo que conserva lo mejor de lo vivido y que, cuando la vida pesa, devuelve “recuerdos y calma”. Se la llama “luz primigenia” porque nos acompaña “desde siempre”: es el origen afectivo, ligado a la niñez.

Los versos finales concretan esa luz en escenas muy humanas: “los juegos en calles y plazas”. Es la infancia como espacio de libertad y alegría compartida, que permanece dentro de nosotros, no como simple nostalgia, sino como una claridad a la que podemos volver para aliviar la inquieta añoranza y reconciliarnos con lo que somos





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Sin luz los cuerpos no dejan sombra 




jueves, 12 de febrero de 2026

Pesadumbre

 

lunes, 12 de mayo de 2008

Pesadumbre


Como si nada aconteciera
en los crepúsculos 
del Tiempo,
habían pasado días 
de pesadumbre
y mi llanto se deshizo
en oleadas de silencio,
buscando apenas,
tránsitos o murmullos,
y devorando sueños
en el lecho de mi nombre.

Acumulé desordenes
esclavos de ningún tiempo.
Inciertos, mis pasos
levitaban en un limbo
de circunstancias y desdichas. 
¿Qué odisea de recuerdos
ya sin norte,
inquietan la esperanza?

Ácrata luz, 
que entela mi espejismo
en un desierto
de formas y sonidos.

Díaz Casares 
... De mi humana presencia.
#jdcmogoda


Definición sintética:
Es un poema de tono introspectivo y metafísico que expresa una crisis interior donde el tiempo, la memoria y la identidad se diluyen en un paisaje de desorientación y silencio. La esperanza existe, pero inquieta; la luz aparece, pero no salva.
Tiene resonancias de poesía existencial contemporánea, con imágenes simbólicas que construyen un paisaje interior más que una escena externa.
El poema es una meditación existencial sobre el tiempo, la memoria y la desorientación del ser.
Se sitúa en un espacio simbólico: “los crepúsculos del Tiempo”. No habla de un atardecer físico, sino de un momento liminal, de tránsito, donde algo termina pero nada termina del todo. Es un estado de suspensión.
Ejes centrales del poema:
1. El tiempo como desgaste interior
El tiempo no transcurre de forma lineal; se vuelve pesadumbre. Los días pasan, pero lo que queda es un llanto que se deshace en silencio. El yo poético no vive el tiempo: lo padece.
2. La identidad fragmentada
“Devorando sueños en el lecho de mi nombre” sugiere que la propia identidad se convierte en territorio de pérdida. El nombre —símbolo del yo— es un lugar donde los sueños se consumen.
3. El desorden y la falta de norte
Los pasos “levitan en un limbo”. No hay dirección. No hay suelo firme. Se trata de una existencia suspendida entre circunstancias y desdichas. La pregunta retórica refuerza esa sensación de extravío: ¿qué recuerdos, ya sin rumbo, inquietan aún la esperanza?
4. La luz como paradoja
La “ácrata luz” (luz sin ley, sin orden) no ilumina: enturbia el espejismo. Incluso la claridad genera confusión. No hay revelación, solo un desierto de formas y sonidos —un vacío perceptivo y emocional.





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El trasiego inevitable

  Los días llegan vírgenes Sin esperarlas, al meditar, aparecen pausas somnolientas, marcando el relevo de recuerdos que atesora la mente...