Hay que seguir el quehacer
de nuestra humana presencia,
sus nombres y huellas,
de las secuencias de lo andado.
Vivir intenso para que todo
trascienda entre la constante
del Tiempo,
ya que lo que semeja ausente
en nuestro diminuto cosmos,
se solapa entre el misterioso
polvo de estrellas
de donde proceden
las dudas insoslayables,
permanentes,
de nuestro pautado proceder,
en los páramos abiertos
del sinfín estelar.
Diaz Casares
El poema afirma la necesidad de seguir viviendo y actuando, dejando huellas, aunque estemos inmersos en un misterio cósmico que nunca llegamos a comprender del todo.
Sentido del poema
“Hay que seguir en el quehacer de nuestra humana presencia” plantea una ética de continuidad: seguir haciendo, viviendo, dejando nombres y huellas en “las secuencias de lo andado”. Vivir tiene sentido en tanto permite que algo trascienda “entre la constante del Tiempo”, como si nuestra existencia se inscribiera en una corriente mayor.
Dimensión cósmica y misterio
Lo que “semeja ausente en nuestro diminuto cosmos” no desaparece, sino que “se solapa entre el misterioso polvo de estrellas”: lo humano se vincula al origen estelar, a una materia y un enigma comunes. De ahí nacen “las dudas insoslayables, permanentes” sobre nuestro proceder, colocándonos en “páramos abiertos del sinfín estelar”: un paisaje metafísico donde el ser humano camina pequeño pero consciente.
Tono y visión
El tono es reflexivo y sereno, mezcla de aceptación y asombro ante el misterio. El poema combina lo íntimo (nombres, huellas, quehacer diario) con lo cósmico (polvo de estrellas, sinfín estelar), sugiriendo que nuestra vida, por modesta que sea, forma parte de una trama infinita.



