La somnolencia
con la que reabrimos
los reconditos señuelos
que nos hacen permanecer
ensimismados,
cuando la mente deambula,
es luz nueva para las apetencias
de la inagotable curiosidad
por lo nuevo,
que aporta otro día.
Las horas se presentan
envueltas en melancolía
pero; así renacen
y, a cada momento,
se reabre de nuevo
el tiempo que media,
entre estar y, lo que llega.
Todo se reduce ya,
a desafueros
de insignificancias.
Y es, que ya no estamos
para cubrir retaguardias
de aguantes y desesperos.
Díaz Casares
El poema “La otra edad” evoca la madurez como un tiempo de despertar sereno: aunque el cansancio y la melancolía están presentes, todavía existe curiosidad por lo nuevo y capacidad de comenzar cada día.
La “somnolencia” representa una conciencia que despierta lentamente y vuelve a descubrir estímulos olvidados. La mente, cuando deambula, encuentra una “luz nueva” en las apetencias y curiosidades que trae otro día.
También evoca una renuncia al desgaste. Los “desafueros de insignificancias” y las “retaguardias de aguantes y desesperos” simbolizan conflictos, obligaciones y sufrimientos que ya no merecen ser sostenidos. La otra edad aporta discernimiento: no todo debe combatirse ni todo merece nuestra energía.
Finalmente, las horas “envueltas en melancolía” no aparecen como una condena, sino como una condición natural del paso del tiempo. Cada instante vuelve a abrir el espacio entre lo que somos y lo que está por llegar.
En conjunto, el poema evoca una vejez consciente y luminosa: menos dispuesta a resistir inútilmente, pero todavía abierta a la curiosidad, al asombro y a la renovación de cada día.
Llegar a los 80 años no es solo haber sumado tiempo, es haber acumulado una biblioteca entera de experiencias. A esta edad, la "actitud" no se trata de ignorar los achaques, sino de cambiar el enfoque de lo que falta hacia lo que se tiene.
Aquí tienes unas claves para cultivar esa mirada positiva:
1. La Curiosidad como Motor
La vejez se acelera cuando uno cree que ya lo vio todo. Mantener una actitud de "eterno aprendiz" mantiene el cerebro joven.
* Acepta lo nuevo: No pelees con la tecnología o las nuevas costumbres; míralas con ojos de antropólogo.
* Pequeños descubrimientos: Un libro nuevo, una receta diferente o una ruta distinta para caminar pueden cambiar el tono del día.
2. El Arte de la "Atención Plena" (Mindfulness)
A los 80, la prisa ya no tiene sentido. El valor del día no está en la cantidad de cosas que haces, sino en la calidad de la presencia.
* Saborear: El café de la mañana, la luz entrando por la ventana o una charla breve.
* Vivir el "hoy": Minimizar la nostalgia excesiva por el pasado y la preocupación por el futuro. El presente es el único lugar donde realmente sucede la vida.
3. Gratitud Selectiva
Es fácil enfocarse en la movilidad que se perdió, pero es más útil agradecer la autonomía que queda.
* Diario de alegrías: Al final del día, identifica tres cosas buenas. Pueden ser mínimas: "No me dolió la espalda al levantarme", "Hablé con mi nieto", "Vi un pájaro en el jardín".
* Reconciliación: Es el momento de soltar viejos rencores. La ligereza emocional se traduce en bienestar físico.
4. Mantener la Conexión y la Utilidad
Sentirse visto y necesitado es vital para la autoestima.
* Socializar: El aislamiento es el mayor enemigo. Busca el contacto, aunque sea breve, con vecinos, amigos o familia.
* Sentido de propósito: Ayudar a alguien, cuidar una planta o transmitir una historia familiar. Sentir que dejas una huella, por pequeña que sea, da sentido al paso de las horas.
Un cambio de perspectiva necesario:
> "No estamos envejeciendo, estamos evolucionando hacia nuestra versión más esencial."
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En lugar de ver el tiempo como algo que se agota, intenta verlo como tiempo ganado. Cada amanecer a los 80 es una victoria y un regalo que no todos reciben.
¿Te gustaría que te ayude a planificar una rutina diaria sencilla que equilibre actividad física, estimulación mental y descanso?
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