El poema de Diaz Casares declara una especie de programa vital mínimo y lúcido: seguir agitando lo vivido y aceptar lo que venga, siendo uno mismo en medio del caos.
“Agitar lo vivido, rearmando la espesura de los sueños” sugiere revisar la propia experiencia, removerla por dentro para reconstruir los sueños, no como evasión, sino como densidad interior que da sentido. “Sin más remedio, aceptar lo que viene cual regalo inadvertido” plantea una aceptación activa: lo que llega no se controla, pero se acoge como don inesperado, cargado de nuevas vivencias.
El verso “Ser lo que eres, uno mismo” concentra una ética de autenticidad frente a “esta fábula desquisiada que acontece”, imagen que presenta la realidad como relato desordenado, casi absurdo. En ese mundo, el único empeño posible es sostener la propia identidad, revisar lo vivido y dejar que la vida continúe su trasiego, sin renunciar a los sueños.
Es un poema de lucidez cósmica, donde la trascendencia no salva, pero comprende
El poema de Díaz Casares se mueve en una órbita claramente existencial y cósmica, donde lo humano aparece como huella, resto, sedimento dentro de una vastedad que lo excede. Voy por partes, para no perder matices.
1. Tema y núcleo reflexivo
El eje del poema es la pregunta por el destino de la experiencia humana:
luchas, pasiones, secuencias de nuestra humana presencia
No se pregunta qué somos, sino qué queda. La huella —no el cuerpo, no el nombre— es el verdadero sujeto del poema. Esa huella es frágil, casi una sospecha, frente a la inmensidad del cosmos.
La trascendencia no aparece como promesa religiosa, sino como disolución:
La vida, deja lo vivido, en el limbo
Ese “limbo” no es castigo ni premio: es suspensión, un estado intermedio donde la memoria se vuelve polvo.
2. Tono y voz poética
El tono es meditativo, grave y contenido, sin exclamaciones ni arrebatos retóricos. Hay una voz que contempla desde una distancia lúcida, casi astronómica. No juzga: constata.
El poema no impone respuestas; se sostiene en la duda insoslayable, que no se resuelve sino que se acepta como condición permanente del existir.
3. Imaginario y símbolos
Huella: símbolo del paso efímero, del rastro que no garantiza permanencia.
Limbo personal y diminuto cosmos: cada ser humano como universo cerrado, mínimo, condenado a solaparse con otros sin llegar a fusionarse del todo.
Polvo de estrellas: doble movimiento simbólico:
origen (venimos de ahí)
destino (regresamos a esa materia indiferenciada)
Este polvo no es épico: es misterioso, casi silencioso. No ilumina, cubre.
Páramos abiertos del sinfín estelar: imagen poderosa de soledad cósmica. El páramo suele ser terrestre, pero aquí se expande al universo: una desolación infinita, sin centro ni refugio.
4. Tiempo y estructura
El poema trabaja un tiempo no lineal. Las “secuencias” sugieren orden, pero ese orden se diluye al final en el “sinfín”. El recorrido va de lo concreto (lucha, pasiones) a lo abstracto (dudas, cosmos), como si la experiencia se evaporara al alejarse.
Formalmente, el verso libre y los encabalgamientos refuerzan la sensación de deriva, de pensamiento que no se cierra en moldes métricos porque la pregunta misma no tiene cierre.
5. Sentido último
El poema no es nihilista, aunque roza el vacío. Hay algo profundamente humano en aceptar que nuestro proceder esté pautado por dudas permanentes. No hay heroísmo, pero sí conciencia.
En el fondo, el texto afirma que existir es:
dejar una huella que no controlamos
vivir en un cosmos propio y diminuto
y aceptar que todo acaba solapándose en algo mayor, indiferente, pero común.
Si tuviera que definirlo en una sola línea:
Es un poema de lucidez cósmica, donde la trascendencia no salva, pero comprende.
El poema afirma la necesidad de seguir viviendo y actuando, dejando huellas, aunque estemos inmersos en un misterio cósmico que nunca llegamos a comprender del todo.
Sentido del poema
“Hay que seguir en el quehacer de nuestra humana presencia” plantea una ética de continuidad: seguir haciendo, viviendo, dejando nombres y huellas en “las secuencias de lo andado”. Vivir tiene sentido en tanto permite que algo trascienda “entre la constante del Tiempo”, como si nuestra existencia se inscribiera en una corriente mayor.
Dimensión cósmica y misterio
Lo que “semeja ausente en nuestro diminuto cosmos” no desaparece, sino que “se solapa entre el misterioso polvo de estrellas”: lo humano se vincula al origen estelar, a una materia y un enigma comunes. De ahí nacen “las dudas insoslayables, permanentes” sobre nuestro proceder, colocándonos en “páramos abiertos del sinfín estelar”: un paisaje metafísico donde el ser humano camina pequeño pero consciente.
Tono y visión
El tono es reflexivo y sereno, mezcla de aceptación y asombro ante el misterio. El poema combina lo íntimo (nombres, huellas, quehacer diario) con lo cósmico (polvo de estrellas, sinfín estelar), sugiriendo que nuestra vida, por modesta que sea, forma parte de una trama infinita.
Carlos Gardel fue un cantante, compositor y actor de cine nacionalizado argentino nacido en el siglo XIX y fallecido en 1935. Es el más conocido representante del género en la historia del tango.Wikipedia
Instagram
#HistoryNoticias Un acta consular de 1920 volvió a encender la discusión sobre el lugar de nacimiento de Carlos Gardel. - Instagram
GARDEL: HALLAN UN ACTA QUE ACREDITA SU NACIMIENTO EN URUGUAY HISTORY NOTICIAS . are Don Carlos Gazed que dice ser estado de so C tisla que ...
"Volver" es quizás el tango más emblemático de la historia, compuesto en 1934. Es una obra maestra que captura la nostalgia del exilio y el paso del tiempo, sentimientos universales que Carlos Gardel elevó a la categoría de mito.
Aquí tienes el detalle de esta pieza fundamental:
Ficha Técnica
* Música: Carlos Gardel
* Letra: Alfredo Le Pera
* Género: Tango-Canción
* Año: 1934 (estrenada en la película El día que me quieras)
Letra de "Volver"
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La vieja calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.
[Estribillo]
Volver... con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien.
Sentir... que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada, errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir... con el alma aferrada
a un dulce recuerdo que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenan mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido, que todo lo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.
[Estribillo]
Volver... con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien.
Sentir... que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada, errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir... con el alma aferrada
a un dulce recuerdo que lloro otra vez.
Un dato curioso
La frase "que veinte años no es nada" se ha convertido en un dicho popular en todo el mundo hispanohablante para referirse a la rapidez con la que pasa el tiempo. Curiosamente, Le Pera y Gardel escribieron esto en Nueva York, lejos de Buenos Aires, lo que le añade esa capa extra de melancolía por la patria lejana.
¿Te gustaría que te ayude a analizar el significado de alguna metáfora específica de la letra o quizás prefieres una lista de las versiones más famosas además de la de Gardel?