Tus ojos son,
desolados firmamentos,
diminutas suavidades
que amor esperan.
Para tu llanto azul abatido,
huyan tristeza y miedo
de tu corazón desconsolado,
dejando que abracemos
de nuevo la confianza
enamorada,
como si ahora,
de nuevo lo nuestro
comenzara.
Díaz Casares
El poema es una súplica amorosa y consoladora: mira unos ojos heridos por la tristeza y les ofrece refugio, ternura y la posibilidad de recomenzar el vínculo como si fuera la primera vez.
Mirada herida y consuelo
“Tus ojos son, desolados firmamentos” convierte la mirada en un cielo amplio, pero vacío y dolido, lleno de “diminutas suavidades que amor esperan”, es decir, restos de ternura que aún desean ser acogidos. El “llanto azul abatido” intensifica esa melancolía delicada: tristeza profunda, pero limpia, que pide alivio más que dramatismo.
Promesa de refugio
El hablante desea que “huyan tristeza y miedo de tu corazón desconsolado”, ofreciendo un abrazo simbólico donde pueda renacer la confianza enamorada. No se trata solo de consolar, sino de reconstruir la fe en el amor, de devolver seguridad a quien ha sido herido.
Deseo de recomenzar
El cierre “como si ahora, de nuevo lo nuestro comenzara” plantea una segunda oportunidad: empezar otra vez, sin borrar el pasado, pero dándole al vínculo un nuevo comienzo, más tierno y consciente. En conjunto, el poema es una declaración de amor compasivo, que ve el dolor en los ojos del otro y le tiende la mano para volver a creer.





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