:Soledades e Intrigas
Solo,
inquietantemente solo.
Envuelto en un tiempo
de intrigas mentales.
Ni siquiera
denoto súplicas
que alteren mis instantes
en soledad, rémora
asfixiante adherida
a mis esperas y sonrojos.
...Pero;
llegará el tiempo sorpresivo
con su descifrado enigma,
despejando
de esas intrigas mentales,
las horas que se viven
entre soledades y lamentos.
Díaz Casares
Este poema de Díaz Casares captura la soledad como un espacio mental denso, donde el yo se encuentra “inquietantemente solo”, envuelto en “intrigas mentales” que funcionan como una rémora psicológica. No hay diálogo exterior, ni súplicas que rompan esa introspección pesada: las esperas y sonrojos del hablante se adhieren a una quietud que asfixia, pero que también concentra la existencia en su núcleo más íntimo.
De la opresión a la promesa
El giro llega con esa conjunción esperanzada —“Pero;”—, que introduce “el tiempo sorpresivo con su descifrado enigma”. Aquí el poema afirma algo esencial sobre la condición humana: la soledad, por agobiante que sea, no es definitiva. Existe la intuición de un momento futuro en que las intrigas mentales se disipen, dejando las horas vividas en una claridad liberadora, sin lamentos ni sombras.
Resonancia universal
Es un texto que habla a cualquiera que haya sentido la mente como laberinto cerrado, pero que recuerda la capacidad transformadora del tiempo. La soledad no es solo pérdida, sino también antesala de revelación; los “enigmas” de la conciencia hallarán su clave, despejando el camino para una existencia más ligera





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