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domingo, 10 de mayo de 2026

Nosotros y el Universo

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Nuestra curiosidad incitó un derrumbe 

de espejismos que nuestra candida visión 

forjó en lo bello de los cielos estrellados.

Los secretos que la ciencia descubre,

envuelven nuestro ser 

en el páramo sin fin del Universo incierto.

El Infinito es paradigma que guarda

el desconcierto primario 

de la materia desconcertada,

generando su índice lógico,

de rígida inteligencia programada.

Díaz Casares 


Este poema de Díaz Casares evoca reflexiones profundas sobre la relación entre el ser humano, la ciencia y el universo:

El poema parte de la curiosidad humana como fuerza que, paradójicamente, destruye nuestras ilusiones. Esa curiosidad "incitó un derrumbe de espejismos": 

Al buscar respuestas, descubrimos que la belleza ingenua con la que mirábamos los cielos estrellados era una ilusión, una visión cándida que nosotros mismos habíamos forjado.

La ciencia, al revelar sus secretos, no nos dio consuelo sino desconcierto. En lugar de sentirnos más seguros, nos envolvió "en el páramo sin fin del Universo incierto". 

El conocimiento nos hizo conscientes de nuestra insignificancia ante la inmensidad.

La parte final es quizás la más filosófica: el Infinito se presenta como un paradigma que contiene el "desconcierto primario de la materia desconcertada". Es decir, la materia misma, desde su origen, está desconcertada, y sin embargo genera un "índice lógico de rígida inteligencia programada". Aquí hay una tensión fascinante: 

Del caos y el desconcierto surge un orden, una lógica, como si el universo, pese a su incertidumbre, estuviera programado para crear inteligencia y estructura.

En esencia, el poema evoca el vértigo existencial que produce el conocimiento: la curiosidad nos arrancó la inocencia, la ciencia nos mostró un universo incierto e infinito, y en ese infinito descubrimos que la materia misma oscila entre el caos y una lógica inexplicable. 

 Es una meditación sobre el precio del saber y la paradoja de un cosmos que, siendo desconcertante, genera orden.
















Teo y Eloy 




Abuelo Eloy 





En la Alhambra de Granada. Abuelo Eloy chaqueta blanca junto al portero de futbol Zamora.


viernes, 8 de mayo de 2026

La Vida persiste

 

Lo impreciso 
no asume el futuro  
cargado de enigmas.  
Por eso;  
desdeñar lo que la razón  
esgrime ante lo erróneo, 
nos deja en un limbo 
vacío de inquietudes,  
cuando todo se percibe 
en zozobra, sabiendo, 
que la Vida persiste  
en las secuencias vitales,  
de su tiempo y espacio. 
Diaz Casares



El poema de Díaz Casares, tiene un tono profundamente reflexivo y filosófico. 

Explora la tensión entre la razón y la incertidumbre, y cómo la vida continúa más allá de nuestros límites de comprensión.

El poema parece hablar de la imposibilidad de conocer el futuro —una dimensión cargada de enigmas— y de cómo el afán de la razón por dar sentido a lo erróneo puede dejarnos en un estado de vacío o suspensión. 

La última parte, donde se afirma que “la Vida persiste en las venideras secuencias vitales de su tiempo y espacio”, transmite una visión casi cósmica: la existencia como continuidad, más allá de la confusión o el desconcierto humano.

En conjunto, es una meditación sobre el misterio de la existencia y la necesidad de aceptar la incertidumbre como parte inherente de ella.

 






                                             Rosa, Josep, Agustina y Juan 


                                         Agustina 

                                 

                                        Adriana, Teo, Eloy y Cecilia 

Alegoría de la voz

Las palabras 

definen el verbo, 

sonido vulnerable 

versátil, fluido,

describiendo hitos de vida

con la simple alegoría 

de la voz.

...Con ellas, la elocuencia 

desata voces en gargantas 

liberando de silencios, 

las antologías precisas

que las ennoblecen.

@Díaz Casares 


Aquí tienes la imagen que evoca el poema.

En cuanto a la obra de Díaz Casares:

El poema es un homenaje al poder de la palabra y la voz humana. 

En la primera parte, las palabras son presentadas como la esencia del lenguaje: un "sonido vulnerable, versátil, fluido" que, pese a su aparente fragilidad, tiene la capacidad de describir los momentos fundamentales de la vida. 

La voz es una "simple alegoría", pero en esa simplicidad reside toda su fuerza.

En la segunda parte, la elocuencia aparece como una fuerza liberadora: "desata voces en gargantas", rompe silencios. Las palabras, al ser pronunciadas con maestría, se convierten en "antologías precisas" que las ennoblecen, es decir, el acto de hablar con elocuencia eleva las palabras mismas a una categoría superior.

En esencia, el poema evoca la paradoja del lenguaje: algo tan frágil como un sonido tiene el poder de definir la existencia, liberar lo callado y ennoblecer la experiencia humana. Es una celebración de la palabra como puente entre el silencio y la vida.





Yo, Gabriel Manzanera y Gabriel de la Trini Año 1963

Año 1955 niños de Granada en el colegio de los Jesuitas de Andújar Jaén 


Mi hermano Eloy Año 1938 
Tío Era moda llevar a los niños con ése corte de pelo.


miércoles, 6 de mayo de 2026

La penuria del olvido


De las vigorosas pasiones

que el tiempo 

dejó en penuria y olvido,

quedan súplicas agotadas,

errantes en un páramo 

donde las lujurias esperan,

entre delirios soñados

que la cordura declina

y no hay ruego ni clamor

que altere lo que llega.

...Vivimos un tiempo 

que colapsa lo predispuesto,

dejando al mercadeo,

hitos de la mente

y el sigiloso acorde de la vida.

@Diaz Casares



El poema de Díaz Casares evoca el destino de las pasiones humanas: aquellas que alguna vez fueron vigorosas pero que el tiempo condenó al olvido y la penuria. Lo que queda de ellas son "súplicas agotadas", errantes en un páramo desolado, un espacio interior donde los deseos y las lujurias aún esperan, pero ya solo como delirios que la razón rechaza.

Hay una resignación profunda: "no hay ruego ni clamor que altere lo que llega". El destino es inevitable.

La segunda parte introduce una reflexión más amplia: vivimos en un tiempo que destruye todo lo que creíamos predispuesto, dejando expuestos los "hitos de la mente" como mercancía, mientras la vida sigue su curso sigiloso, como un acorde apenas perceptible.

En esencia, el poema evoca la tensión entre el deseo y el olvido, entre la pasión y la cordura, y la impotencia del ser humano ante un tiempo que todo lo colapsa y reduce a cenizas lo que alguna vez ardió con fuerza.




Árbitro abuelo Eloy. Año 1950 Atlético de Madrid Granada club de fútbol 


Abuelo Eloy, Emilio, yo Juan, Antonio. Óscar 



Nosotros y el Universo

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