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miércoles, 6 de mayo de 2026

La penuria del olvido


De las vigorosas pasiones

que el tiempo 

dejó en penuria y olvido,

quedan súplicas agotadas,

errantes en un páramo 

donde las lujurias esperan,

entre delirios soñados

que la cordura declina

y no hay ruego ni clamor

que altere lo que llega.

...Vivimos un tiempo 

que colapsa lo predispuesto,

dejando al mercadeo,

hitos de la mente

y el sigiloso acorde de la vida.

@Diaz Casares



El poema de Díaz Casares evoca el destino de las pasiones humanas: aquellas que alguna vez fueron vigorosas pero que el tiempo condenó al olvido y la penuria. Lo que queda de ellas son "súplicas agotadas", errantes en un páramo desolado, un espacio interior donde los deseos y las lujurias aún esperan, pero ya solo como delirios que la razón rechaza.

Hay una resignación profunda: "no hay ruego ni clamor que altere lo que llega". El destino es inevitable.

La segunda parte introduce una reflexión más amplia: vivimos en un tiempo que destruye todo lo que creíamos predispuesto, dejando expuestos los "hitos de la mente" como mercancía, mientras la vida sigue su curso sigiloso, como un acorde apenas perceptible.

En esencia, el poema evoca la tensión entre el deseo y el olvido, entre la pasión y la cordura, y la impotencia del ser humano ante un tiempo que todo lo colapsa y reduce a cenizas lo que alguna vez ardió con fuerza.




Árbitro abuelo Eloy. Año 1950 Atlético de Madrid Granada club de fútbol 


Abuelo Eloy, Emilio, yo Juan, Antonio. Óscar 



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