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domingo, 8 de febrero de 2026

Un día y otro día... ...hora... trabajo... y tranvía.

 

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mi tiempo (Barcelona 10 de diciembre de 1965)


Tranvía de Barcelona años 60/70 Via Julia-Roquetas


¡Cuantas mañanas soleadas
quedaron en el olvido!
...tuvieron montes, veredas,
sus vientos y sus trinos.

Mis ojos, quedaron 
llenos del sufrido furor
por la vida de sus gentes,
en el inevitable trasiego 
por el pan de cada día.

Años pasados 
...un día y otro día
entre horas... trabajo
...tranvía
los hubo monótonos,
que pasaron sin sentido
...el ruido. 
¡El ruido!
Díaz Casares.


Este poema de Díaz Casares (1965) es una pieza cargada de nostalgia y realismo social. Captura esa transición agridulce entre la naturaleza perdida y la frialdad de la vida urbana moderna.
Aquí tienes un análisis de lo que evoca y la imagen ideal para representarlo:
¿Qué evoca el poema?
El poema evoca una profunda sensación de deshumanización y pérdida. 
Se puede desglosar en tres sentimientos clave:
Nostalgia por lo natural
El inicio menciona "montes, veredas, vientos y trinos". Evoca un pasado más puro y tranquilo que ha quedado "en el olvido", sugiriendo que el progreso ha borrado la conexión del hombre con la tierra.
La lucha por la supervivencia
Habla del "sufrido furor" y el "trasiego por el pan de cada día". Evoca la fatiga de la clase trabajadora, la gente común que vive en un esfuerzo constante y agotador solo para subsistir.
La alienación urbana
La mención del "tranvía", las "horas de trabajo" y, sobre todo, ese grito final de "¡El ruido!", evoca la monotonía de la ciudad. Describe una vida que se vuelve automática, gris y carente de propósito espiritual debido al bullicio y la rutina mecánica.
Imagen que define el poema
Si tuviera que sintetizar estos versos en una sola imagen visual, sería la siguiente:
> Un hombre de rostro cansado, vestido con ropas de trabajo de mediados del siglo XX, reflejado en el cristal de un tranvía borroso por la lluvia o el movimiento. A través de la ventana, se vislumbra una ciudad gris y ruidosa, mientras que en su mirada perdida parece proyectarse el recuerdo lejano de un campo verde y soleado que ya no existe.

Es una imagen de contraste: la calidez del recuerdo frente a la frialdad metálica del presente.


 Año 1962.            Juan Díaz Casares, 
                               Gabriel Manzanera, 
                               Gabriel "Trini"







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