...Si solo somos polvo de estrellas, si Dios no es más que una ilusión y avanzamos hacia una nada aterradora, el ser humano es la criatura más desgraciada del planeta. La conciencia solo es una fuente de sufrimiento...Rafael Narbona Monteagudo
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de las luchas, pasiones y secuencias de vida
de nuestra humana presencia?
...donde todo trasciende.
El tiempo, deja lo vivido, en el limbo
de nuestro personal y diminuto cosmos,
solapándose
entre el misterioso polvo de estrellas,
de donde proceden
las dudas insoslayables, persistentes,
de nuestro pautado proceder,
en los páramos abiertos del sinfín estelar.
Un poema magnífico de Díaz Casares que dialoga directamente con la reflexión de Rafael Narbona. Mientras Narbona plantea la angustia existencial de ser "polvo de estrellas" sin propósito, Díaz Casares recoge esa misma imagen cósmica pero la transforma en una meditación más contemplativa:
El poema se pregunta qué quedará de nosotros: nuestras luchas, pasiones y vivencias. La respuesta es que el tiempo deja lo vivido en "el limbo de nuestro personal y diminuto cosmos", es decir, en ese espacio íntimo y pequeño que es cada ser humano frente a la inmensidad. Pero lo más bello es cómo conecta lo humano con lo cósmico: nuestras dudas, nuestro proceder pautado, se solapa "entre el misterioso polvo de estrellas" del que procedemos. No hay certeza, solo "dudas insoslayables, persistentes" en los "páramos abiertos del sinfín estelar".A diferencia de Narbona, que ve en la conciencia solo sufrimiento, Díaz Casares parece aceptar el misterio sin resolverlo: somos diminutos, sí, pero todo trasciende. Hay una resignación serena ante lo inabarcable, una aceptación de que nuestras huellas se funden con el polvo estelar del que venimos.



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