viernes, 17 de diciembre de 2010
Y yo, incomodo e incierto
No busques,
No busques,
no se intuye el fin
de los suplicios
de los suplicios
y el acoso insistente,
milenario,
de los mercaderes
del templo.
Clamar
Clamar
esforzadas plegarias,
predispone
a suspiros y miedos,
en un por si acaso,
desconocido del tiempo.
Yo por ese, por si acaso,
a suspiros y miedos,
en un por si acaso,
desconocido del tiempo.
Yo por ese, por si acaso,
acomodo
mi razón en lo cierto,
dejando atrás
mi razón en lo cierto,
dejando atrás
y a deshora,
sollozos comedidos,
silencios, y predispuesto.
sollozos comedidos,
silencios, y predispuesto.
Díaz Casares
El poema de Díaz Casares evoca una profunda reflexión sobre la **resistencia ante las adversidades y la injusticia**, así como la importancia de mantener la **integridad personal** frente a las presiones externas.
Se percibe una crítica a la hipocresía y a la manipulación, representadas por los 'mercaderes del templo', y una invitación a la autenticidad. El autor sugiere que, en lugar de clamar y predisponerse a la angustia, es preferible acomodar la razón en la certeza de uno mismo, dejando atrás los lamentos y los silencios impuestos. La obra transmite un sentimiento de **determinación y autoafirmación** en un mundo lleno de desafíos.
A continuación, se adjunta una imagen que busca recrear la esencia y atmósfera del poema, simbolizando la fortaleza interior frente a la adversidad.
Juan Díaz Casares.



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