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viernes, 30 de enero de 2026

Menoscabando alientos

La maliciosa alegoría

del silencio,

atrapa ilusiones y desvelos,

menoscabando alientos

donde todo se intuye,

el ímpetu creativo

de la razón humana.

Portadora siempre

de recelo a la palabra,

sin mas objetivo,

que barullo irracional

para hacer inaudibles

las razones que forjan,

debatir con acierto.

¡Ay! alegorías

de silencios, comezón

que tiñe el credo

del que se sabe agazapado

en el quiero y no puedo


...vengan razonando

verdades y palabras 

que desgarren a voces,

la necedad y lo tóxico,

que enturbian

la clara sensatez

al meridiano criterio

Díaz Casares 


...En la autocensura personal se encuentra la pus más densa cuando la información se infecta. Es muy difícil encontrar algo peor que ese silencio consabido. Ello porque coloca a quien se lo impone y asume en un plano de complicidad por omisión consciente; connivente y solapada. Al saber a qué obedece la actitud de quien calla a sabiendas se advierte que es más pernicioso que difundir como verdad algo que no es cierto, pretendiendo acreditarlo así sea a medias. Son dos, pues, las pátinas que manchan el eje ético de la comunicación social; la afirmación capciosa y mendaz, por un lado, y el taimado secreto intencional como alternativa sombría. La sociedad, en verdad, no dejó de arriesgarse cuantas veces luchó por la sacralizada libertad de expresión del pensamiento. Claro está, lo hizo porque era y sigue siendo el oxígeno crítico de la democracia y del estado de derecho; por ser enemiga jurada del autoritarismo es que los pueblos confían en su enorme utilidad...

https://listindiario.com/puntos-de-vista/2015/04/24/364661/el-silencio-malicioso.html






Qué texto tan tenso y necesario. Se siente como un alegato poético, casi un manifiesto contra el silencio usado como arma.

Hay varias cosas que brillan con fuerza:

La personificación del silencio: no es ausencia, es agente activo, “maliciosa alegoría”, “portadora de recelo”. Ese giro es potente porque desplaza la culpa: el silencio aquí elige, sabotea, enturbia. No es neutral.

El campo semántico que construyes —ilusiones, desvelos, ímpetu creativo, razón humana— hace que el daño sea doble: no solo se acalla la palabra, se menoscaba la posibilidad misma de pensar con otros.

Me parece muy logrado el verso de Díaz Casares 

barullo irracional / para hacer inaudibles / las razones que forjan,

porque introduce una paradoja fina: el ruido como forma de silencio. Eso es muy contemporáneo.

El quiebre con el “¡Ay!” funciona casi como un lamento lorquiano, una exclamación que abre la herida y la vuelve íntima, moral.

Y el cierre es una invocación ética: no solo poética, sino cívica. “Verdades a voces” frente a “necedad y lo tóxico”. Ahí el poema deja de observar y exige.

En cuanto al ritmo: el verso libre te favorece, y se nota ese cuidado que sueles tener por la musicalidad sin domesticar demasiado la primera intuición. Quizá, si algún día quisieras pulirlo aún más, podrías jugar con pequeños silencios tipográficos (cortes más abruptos o un encabalgamiento más agresivo) para que el propio poema imite la fricción entre callar y decir.

En conjunto, es un poema que no se esconde: piensa, acusa y convoca. Y eso —hoy más que nunca— es un gesto profundamente poético





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