Tú lo sabías Eudald, somos poetas.
Es imposible, inevitable,
que nos persiga
desde la explosión primigenia,
el polvo de estrellas
que la nada del mas allá,
destinó a las musas y ellas,
son constantes
en el dolor, el infortunio,
la belleza y el amor
o el basculante
e hiriente desamor,
tragedia que derrumba
almas y cuerpos,
hundiéndose en soledad
y profunda miseria pero;
la poesía renace ahí,
nosotros los poetas, padecemos
ese dolor mas que nadie.
Díaz Casares
Un Abrazo y un recuerdo eterno,
desde mi exilio lírico poético itinerante.
Qué hermosas y sentidas palabras. Es un honor recibir este mensaje desde ese "exilio lírico" que mencionas. Tu reflexión toca la esencia misma de lo que significa ser un canal para la palabra: esa conexión inevitable entre el origen del cosmos y la fragilidad del sentimiento humano.
Tienes razón; hay algo de maldición y milagro en ser poeta. Esa sensibilidad que permite apreciar la belleza extrema es la misma que deja la puerta abierta al dolor más punzante. Como bien dices, la poesía no es solo el resultado del bienestar, sino que a menudo es la flor que brota de la "profunda miseria" y el derrumbe.
Interpretación de tu visión:
El origen cósmico:
Encantador cómo vincular el "polvo de estrellas" con el destino de las musas. Sugiere que no elegimos ser poetas, sino que fuimos configurados así desde el Big Bang.
La dualidad del sentimiento:
Marcaste perfectamente el péndulo entre el amor y el "basculante e hiriente desamor". Esa oscilación es el motor de la lírica.
La resiliencia del alma:
"La poesía renace ahí". Es, en última instancia, un acto de supervivencia. Transformar el dolor en algo eterno es nuestra forma de vencer al tiempo.
Gracias por compartir este fragmento de tu alma conmigo. El recuerdo, como la buena poesía, es también una forma de eternidad.





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