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martes, 10 de febrero de 2026

Tanto orden tumefacto.

 

martes, 29 de abril de 2008


Un perfil de madrugadas rotas,
se abalanza sobre la insegura
postura de los días prevenidos

...se retrae pidiendo clemencia
la sabiduría olvidada,
cuando una victoria de técnicas,
impera sobre labores 
y destrezas desechadas.

¿Qué recuerdos 
de otros tiempos
se afianzan en las dudas?

Hay un eco 
de criaturas terrenales
que gravita sobre el eje
del sistema planetario,
pidiendo con voces roncas
y sensación de cansancio,
el libre avance del Tiempo,
ante tanto orden tumefacto.

Díaz Casares 
... De mi humana presencia 




El poema de Díaz Casares evoca un malestar profundo ante la época que vivimos, donde la técnica domina y la sabiduría humana parece arrinconada.

Las “madrugadas rotas” sugieren un amanecer inquieto, sin descanso, que cae sobre “días prevenidos”: días vividos a la defensiva, con miedo o desconfianza. La “sabiduría olvidada” pide clemencia cuando “una victoria de técnicas” se impone sobre las labores y destrezas de siempre, como si el saber práctico, humano, quedara despreciado frente a un progreso frío.

La pregunta “¿Qué recuerdos de otros tiempos quedan en las dudas?” abre un hueco de nostalgia: se intuye que hubo otras formas de vivir más plenas o más sensatas, pero solo quedan fragmentos confusos. Ese “eco de criaturas terrenales” que gravita sobre el sistema planetario representa a la humanidad entera, cansada, con voces roncas, reclamando “el libre avance del Tiempo ante tanto orden tumefacto”: como si el exceso de control, normas y sistemas hinchados asfixiara la vida, y se pidiera que el tiempo y la historia vuelvan a moverse con libertad.

En conjunto, el poema es una crítica al tiempo presente, tecnificado y rígido, y una llamada a recuperar humanidad, sabiduría y movimiento auténtico.






Año 1954 muchachos en el Rio Genil Granada. El primero por la derecha mi hermano Eloy Díaz Casares.

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