martes, 29 de abril de 2008
Un perfil de madrugadas rotas,
El poema de Díaz Casares evoca un malestar profundo ante la época que vivimos, donde la técnica domina y la sabiduría humana parece arrinconada.
Las “madrugadas rotas” sugieren un amanecer inquieto, sin descanso, que cae sobre “días prevenidos”: días vividos a la defensiva, con miedo o desconfianza. La “sabiduría olvidada” pide clemencia cuando “una victoria de técnicas” se impone sobre las labores y destrezas de siempre, como si el saber práctico, humano, quedara despreciado frente a un progreso frío.
La pregunta “¿Qué recuerdos de otros tiempos quedan en las dudas?” abre un hueco de nostalgia: se intuye que hubo otras formas de vivir más plenas o más sensatas, pero solo quedan fragmentos confusos. Ese “eco de criaturas terrenales” que gravita sobre el sistema planetario representa a la humanidad entera, cansada, con voces roncas, reclamando “el libre avance del Tiempo ante tanto orden tumefacto”: como si el exceso de control, normas y sistemas hinchados asfixiara la vida, y se pidiera que el tiempo y la historia vuelvan a moverse con libertad.
En conjunto, el poema es una crítica al tiempo presente, tecnificado y rígido, y una llamada a recuperar humanidad, sabiduría y movimiento auténtico.




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