el trasiego de vivir con razones que se baten,
entre turbios deseos que la pasión acelera.
Y así, días sobre días, en una constante pesadilla
de vaguedades y neblinas, que entelan,
las súplicas que el paso de los días genera
entre lágrimas sin llanto desgarrado,
El yo no tiene dueño y, la esperanza,
se mece entre anónimas decepciones.
Díaz Casares
El poema de Díaz Casares, evoca una existencia erosionada por el tiempo, en la que los años no traen claridad, sino un acumularse de días confusos, deseos turbios y razones que se debaten sin imponerse. La vida se siente como una pesadilla sostenida, donde la niebla de la vaguedad cubre incluso las súplicas de sentido que el paso del tiempo genera.
En ese paisaje, el fracaso no es un accidente, sino algo que “prevalece” de manera absurda y persistente. El dolor se contiene: hay lágrimas, pero sin un llanto plenamente liberador. El yo aparece sin dueño, es decir, sin un centro firme que lo oriente, y la esperanza apenas se mantiene, meciéndose entre decepciones anónimas e impersonales.
En conjunto, el poema transmite la sensación de vivir a la deriva en un tiempo confuso, donde ni la pasión ni la razón logran dar dirección, y donde lo único que persiste es una esperanza frágil, rodeada de desgaste y fracaso.


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