domingo, 11 de mayo de 2008
Esa luz
en un recodo del alma.
Ella,
siempre entre recuerdos de calma.
Es esa luz primigenia
que desde siempre nos acompaña
...la que resurge unida a nuestra
inquieta añoranza.
Luz de la niñez, que nos trae
los juegos en calles y plazas.
Díaz Casares
Esa “luz” guardada en un recodo del alma es la imagen de un núcleo íntimo que conserva lo mejor de lo vivido y que, cuando la vida pesa, devuelve “recuerdos y calma”. Se la llama “luz primigenia” porque nos acompaña “desde siempre”: es el origen afectivo, ligado a la niñez.
Los versos finales concretan esa luz en escenas muy humanas: “los juegos en calles y plazas”. Es la infancia como espacio de libertad y alegría compartida, que permanece dentro de nosotros, no como simple nostalgia, sino como una claridad a la que podemos volver para aliviar la inquieta añoranza y reconciliarnos con lo que somos




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