martes, 27 de mayo de 2008
Tarde de Mayo
La tarde deja caer
agudas somnolencias
de hiedra taciturna
...y los cipreses,
su aroma caliente
sobre la boca de mi mente
¡Ay! Tarde divina y presente.
¿Qué pretendo
arrojando multitud
de pensamientos sin cauce,
sobre los surcos del huerto?
Tarde de Mayo,
que escondes
en tu hermosura
mi destino y tu presencia
¡Deja un por si acaso
de esperanza a mi tristeza!
Díaz Casares
... De mi humana presencia
El poema de Díaz Casares evoca una tarde suspendida en el umbral entre lo exterior y lo interior. No es solo un paisaje: es un estado del alma.
🌿 ¿Qué evoca?
Somnolencia y contemplación
“La tarde deja caer agudas somnolencias…” sugiere una quietud casi espiritual. No es un sueño pesado, sino una lucidez suave, como cuando la luz declina y la mente se vuelve más profunda.
Fusión entre naturaleza y pensamiento
El aroma de los cipreses “sobre la boca de mi mente” une lo físico con lo mental. El paisaje entra en el pensamiento. No se observa la tarde: se la respira, se la piensa.
Inquietud existencial
La pregunta central —“¿Qué pretendo arrojando multitud de pensamientos sin cauce…?”— revela una lucha interior. Hay conciencia de la dispersión, de la palabra sembrada sin certeza de fruto.
Destino y esperanza
La tarde de mayo es símbolo de revelación. Guarda “mi destino y tu presencia”. Hay un diálogo con algo superior o con el tiempo mismo. Y el ruego final —“Deja un por si acaso de esperanza a mi tristeza”— es profundamente humano: incluso en la belleza, hay melancolía.
En conjunto, el poema evoca melancolía luminosa, una tarde cargada de simbolismo donde la naturaleza refleja la conciencia del poeta.





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