sábado, 17 de mayo de 2008
Poesía esquiva y fugitiva
Poesía esquiva y fugitiva
Hay un camino suspenso en tu voz,
poesía esquiva y fugitiva.
Hay un camino o sendero,
que mi silencio adivina o busca.
¡Si mis ojos prendieran en tu fuego!
Yo denoto nuevas voces
en los caminos y las piedras,
levantando soles
donde impotencias hoy apuntan.
¡Grito!
Cansado también
de los años que se arrastran
entre ciegos fantasmales
de egoísmo y sombra.
Poesía...
de los años que se arrastran
entre ciegos fantasmales
de egoísmo y sombra.
Poesía...
¡Poesía!
Compañera hoy
Compañera hoy
y hasta siempre.
¡Arremete cuanto crece!
¡Arremete cuanto crece!
Díaz Casares
... De mi humana presencia
Este poema es un canto vibrante a la poesía como fuerza esquiva pero esencial, compañera de lucha contra la oscuridad y el egoísmo humano.
Búsqueda de la poesía
La poesía aparece como un “camino suspenso en tu voz”, algo intangible y fugitivo que el silencio del hablante intenta adivinar o seguir. El anhelo de “¡Si mis ojos prendieran en tu fuego!” condensa el deseo de inflamarse con su energía vital, de capturar su esencia ardiente.
Revelación y grito
“Yo denoto nuevas voces en los caminos y las piedras” muestra cómo la poesía hace audible lo silenciado, transformando “impotencias” en soles, impotencia en luz. El “¡Grito!” surge del cansancio ante “años que se arrastran entre ciegos fantasmales de egoísmo y sombra”, denunciando una existencia opaca y egoísta.
Invocación final
La doble exclamación “¡Poesía!... ¡Poesía!” la personifica como presencia constante, “compañera hoy y hasta siempre”. El mandato “¡Arremete cuanto crece!” la convierte en fuerza combativa que debe atacar lo que prolifera negativo, lo que ahoga la vida auténtica.
En conjunto, es una oda militante: la poesía no solo consuela, sino que ilumina, grita y confronta, siendo antídoto contra la mediocridad y las sombras del mundo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario